Hace tiempo que vengo pensando y trabajando gracias a mi…
Ver másLa conversación sobre inteligencia artificial dentro de las empresas empezó por las herramientas: qué automatizar, cuánto tiempo ahorrar, qué productividad ganar. Pero ya es necesario otro enfoque. La discusión no es sólo tecnológica si la IA modifica tareas, decisiones, capacidades y hasta la forma de armar equipos. Pasa a ser una conversación sobre trabajo, liderazgo y personas.
Tres intervenciones del XXX Congreso Internacional de Gestión Humana llegaron a ese punto desde lugares distintos.
Yleana Corredor, presidenta de FIDAGH Oficial planteó, que la tecnología avanza más rápido que la capacidad de muchas organizaciones para absorberla. Y Gestión Humana difícilmente pueda pedirle al resto de la empresa que se transforme si no transforma también su manera de operar. El lugar en la mesa ya no alcanza: “Hoy tenemos que transformarnos en generadores de valor”.
Eso exige entender el negocio, pero sin perder aquello que vuelve singular al área: conectar los resultados que necesita la organización con las capacidades de las personas y hacerlo con creatividad, pensamiento crítico, asertividad y ética. El desafío no es elegir entre negocio y humanidad, sino hacer que ambos se encuentren.
Lucía Muñoz Valecka, Socia Líder de Estrategia e Innovación en Deloitte, explicó que la conversación sobre IA, estuvo durante mucho tiempo enfocada en productividad, casos de uso y herramientas. Pero esta transformación ya está tocando el modelo operativo y, con él, el paradigma de liderazgo.
El nuevo líder no administra solamente personas. Empieza a dirigir una combinación de inteligencia humana y no humana, y debe decidir qué preservar, qué automatizar y cómo hacer que ambas se potencien. Por eso, advirtió Muñoz, saber usar IA no equivale a saber liderar una organización atravesada por IA. La brecha que aparece no es solamente tecnológica: es una brecha de liderazgo.
La pregunta por el rol de Gestión Humana se vuelve inevitable. Mercedes Remedi y Vera Babat, de @Tandem, expusieron una contradicción: mientras las organizaciones crean comités y estrategias de adopción de IA, Gestión Humana no siempre ocupa un lugar central en esas decisiones.
“La estamos mirando de afuera, en muchos casos”, planteó Remedi. Pero lo que se está definiendo es cómo se organiza el trabajo, qué tareas cambian, con quién -y con qué- se arman los equipos y a quién habrá que liderar. Difícil pensar una agenda más propia de Gestión Humana, comentaron las directoras de Tandem.
Babat sumó otra dimensión: las organizaciones necesitan habilitar la conversación sobre lo que esta transformación provoca en las personas. La pregunta “¿dónde voy a aportar valor?” no es solo técnica: toca identidad, incertidumbre y futuro profesional.
Las tres miradas convergen en una misma conclusión. Gestión Humana no puede limitarse a entrar después, cuando llega el momento de capacitar, comunicar o gestionar el impacto de decisiones tomadas en otro lado. Tiene que participar en la redefinición del trabajo.
Su valor no estará en defender “lo humano” frente a la tecnología, sino en ayudar a diseñar organizaciones capaces de combinar ambas inteligencias sin perder criterio, aprendizaje, confianza ni sentido. La IA ya está en la mesa. La pregunta es qué lugar va a ocupar Gestión Humana.
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